miércoles, 11 de junio de 2014
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais
jueves, 5 de junio de 2014
Empezar la casa por los cimientos
El culebrón debe terminar hoy
Las negociaciones, sean en el ámbito que sean, pueden ser fáciles o complicadas según las circunstancias y el talante de los negociadores. Son fáciles cuando las partes quieren llegar a un acuerdo que a ambos interesa, y complicadas cuando una de las partes se ve fuerte y con capacidad para apretar y sacar mayor tajada. Es lógico, y hasta ahí nada fuera de lo normal.
Lo extraño llega cuando a ambas partes les interesa sin duda llegar a un acuerdo y, sin embargo, una de ellas se empeña en imponer condiciones abusivas, ilógicas o caprichosas, creyéndose fuerte o por simple inconsciencia. En ese caso la negociación es difícil de interpretar, es algo más que negocios, con claves que se escapan o no hay por dónde coger.
Lo digo, claro, por el tira y afloja abierto entre Bankia y Lim, una negociación que se presumía rápida y tiene visos de eternizarse con el mes extra que se concede Bankia para cerrar el acuerdo, y a la que ayer Goirigolzarri se encargó de echar un buen jarro de agua fría. Certezas, lo que se dice certezas, no tenemos ninguna, no sabemos qué está pasando ahí dentro, más allá de filtraciones, globos sonda o especulaciones que al menos sirven para debatir. Pero sí sabemos que a ambos les interesa llegar a un acuerdo, a Bankia para borrar el impago de sus cuentas y al VCF para poder encarar el futuro con optimismo en un momento clave, el de la planificación para el próximo curso.
Si lo que se dice es cierto, Lim ofrece a Bankia el pago completo de la deuda, algo que me parece inaudito y pone de manifiesto las ganas que debe tener de acabar de una vez con esto. Pero Bankia no está contenta todavía, quiere más, y más, y no parece tener prisa ni intención de soltar una teta que, lejos de ser el problema que nos dijeron que era, parece consolidarse en nuestro imaginario como fuente inagotable de ingresos para el banco.
Sea como sea, esto pasa ya de castaño oscuro. Hay que zanjar de una vez un asunto que tiene desquiciado al valencianismo y permitir salir al club del bloqueo actual. La pelota está en el tejado de Bankia, depende de ellos, y si no quieren darse por enterados, quizá porque tenían preparado otro escenario, no hay más salida que forzarles a hacerlo.
Un banco tiene derecho a ganar dinero, desde luego, pero un banco intervenido y sostenido por todos no puede hacer de su capa un sayo y condicionar el futuro de un cliente tan importante porque sí. El Valencia no puede permitirse un mes más parado, ni mucho menos que Peter Lim se harte y se largue a su pueblo. Su oferta es muy buena, ganan todos, y ese debe ser el único criterio aplicable. El acuerdo debe cerrarse ya, hoy mismo, y si no llega, desde la esfera política se debe forzar la máquina para finiquitar de una vez este culebrón interminable y agotador. Y conseguir que este artículo quede obsoleto cuanto antes, por el bien y el futuro del Valencia.
miércoles, 21 de mayo de 2014
La vida que nos queda
La novela es casi un prodigio, contada en un lenguaje a veces ordinario, como lo harían unos adolescentes, y otras muy literario, con citas y planteamientos complejos y casi poéticos, pero siempre fluido y comprensible, una redacción sencilla y nada pretenciosa que la hace muy fácil de leer. Aun siendo una historia tan dura tiene momentos divertidos, situaciones muy llamativas y hasta sorprendentes giros argumentales, y desprende una paradójica vitalidad sustentada en la tremenda fortaleza de sus protagonistas.
En resumen, una novela extraordinaria que se hace realmente corta. Muy, muy recomendable, una de esas historias casi inolvidables que te hacen pensar y apetece releer.
Por cierto, antes leí dos novelas, 'La caída de los gigantes' y 'El invierno del mundo', de Ken Follet, parte de una trilogía sobre el siglo XX de la que no leeré la 3ª parte. Follet es un autor de éxito masivo que sabe contar historias y suele gustarme, pero cuando escribió estas dos novelas debía estar en baja forma el hombre, y supongo que se ha ganado el derecho a no ser siempre brillante. Ambas novelas, largas, pesadas e inacabables, sobre todo la segunda, mezclan situaciones de las dos grandes guerras con una especie de folletín multifamiliar y multicultural en el que se van entrecruzando sagas familiares a lo largo del tiempo.Las historias no enganchan, tienen un algo rutinario y muy trillado, y más allá del interés puramente histórico, son tremendamente aburridas. Varias veces estuve a punto de cerrar el libro y coger otro, aunque mi pundonor me ha hecho acabarlas. En resumen, no merece la pena dedicarles tiempo. De nada ;)
martes, 6 de mayo de 2014
El secreto de sus ojos
Pues eso es lo que quieren hacer los Patronos de de la Fundación VCF, votar en secreto y que nadie pueda afearles el voto o pedirles responsabilidades. Y así, tanto si votan una oferta u otra, jamás sabremos lo que han hecho, ni aunque se filtre el sentido de su voto, porque siempre podrán negarlo. Y podrán sumarse alegremente a la fiesta del ganador aunque no lo hayan votado, o hacer que gane quien les ha presionado u ofrecido 'contrapartidas' sin que nunca podamos saberlo ni mucho menos demostrarlo. Supongo que estaremos de acuerdo en que algo así sería inaudito e inaceptable en el Congreso de los Diputados, y nunca pasará. Pues bien, es exactamente igual de inaudito e inaceptable en la FVCF. y nunca debiera pasar.
Y estamos a tiempo de evitarlo, solo hace falta exigir respeto y responsabilidad a esos Patronos desde todas las trincheras del valencianismo. Está claro que en este infecto proceso para vender el VCF debe haber más que navajazos, y las presiones deben ser de todos lo tipos y colores, y quizá también las prebendas campen a sus anchas. Nunca lo sabremos con seguridad. Pero, precisamente por eso, pretender votar en secreto es una ruindad, una indignidad y una inaceptable cobardía. Una Fundación es una institución sin ánimo de lucro creada para defender un bien común, en este caso el club VCF, y debe responsabilizarse ante la masa social de sus decisiones. Los Patronos están ahí para defender lo mejor para el VCF, así como a sus abonados y todos los que de alguna forma apoyan ese sentimiento, y no para hacer política, ni mucho menos para quedar bien con nadie. Y si no se ven capacitados para defender esos derechos, o no se ven con valor suficiente para dar la cara ante la masa social valencianista, que dimitan, que se larguen y dejen a otros. Y si hacen falta otros Patronos responsables, preocupados por el futuro del VCF y capaces de votar la mejor opción sin esconderse, estoy seguro que entre la afición encontrarán montones. Yo me presento voluntario, y me comprometo a votar públicamente lo mejor para el VCF sin dejarme intimidar por nadie, y mucho menos por Bankia o GVA. Porqué no yo y sí alguien sin valor para votar de cara?
Casi nada es absoluto, pero en este caso es fácil votar lo mejor, es simplemente la mejor opción, la mejor para el VCF, la que garantice mejor su futuro y el de generaciones de valencianistas por venir. O quizá no sea tan fácil, es discutible, pero votar públicamente garantiza que se votará en conciencia y cada Patrono será consecuente y responsable de lo votado. Responsable cara a quien le haya puesto ahí, quizá esperando que sea un sumiso corderito y vote lo que le digan, pero sobre todo ante la masa social valencianista, el único juez posible para los Patronos de la FVCF, y lo único que debería importar a esa gente que, se supone, representa nuestros intereses pero pretenden la desvergüenza de votar de espaldas a todos.
viernes, 2 de mayo de 2014
Del drama a la ilusión
Lo que vivimos ayer fue una fiesta valencianista magnífica, extraordinaria, inolvidable, aun cayendo de forma tan cruel. Los 90 minutos que pasamos en Mestalla cantando, aplaudiendo y disfrutando con nuestro equipo fueron impagables, maravillosos, y así, hasta las derrotas saben a miel. Esa es la esencia del fútbol, y caer en el último suspiro, mal que nos pese, también. La comunión entre jugadores y grada fue absoluta, unos a otros nos llevamos en volandas, el equipo destrozando al SEV y la grada animando como posesos, con fe inquebrantable. Y eso es el VCF, eso es ser valencianista, algo que casi habíamos olvidado. Ante un equipo tan antipático, el valencianismo recuperó gran parte de la autoestima perdida durante años, incluidos los que nos entrenó el payaso de Unai Emery, en los que fuimos de humillación en humillación, arrastrando el escudo y mancillando el orgullo valencianista, haciendo partidos horrendos en que merecimos de sobra ser vapuleados. Pero ayer no fue así, el VCF cayó con orgullo, de pie y no de rodillas, de forma tan cruel como injusta, y puestos a caer, es mil veces más honroso hacerlo así que como estos años atrás. De hecho, aunque parezca paradójico, ha hecho más por el VCF y el valencianismo la cruel eliminación de ayer que años seguidos llegando a la UCL de forma mediocre y casi patética para después caer a las primeras de cambio. Y es el primer paso. Recuperar sensaciones perdidas, el amor propio, el orgullo de sentir unos colores, la autoestima y hasta la capacidad de intimidación, el primer paso para volver a ser lo que fuimos.
Hoy es fácil buscar errores. No me gustó nada el cambio de Parejo, fue una temeridad, el SEV se creció mucho a partir de ahí comprendiendo que el VCF renunciaba a machacarlos, como temían. Tampoco me gustaron los cánticos antes de tiempo referentes a Turín, aunque hasta de eso se aprende. Pero aunque sea lógico hablar de errores y fútbol, el equipo hizo un partido intensísimo, honesto y orgulloso, arrasó a un rival al que hizo inoperante, y mereció pasar la eliminatoria sin duda alguna. Se dejaron todo en el campo, tanto como la afición en la grada, y con eso me quedo.
El futuro está ahí, a la vuelta de la esquina, y si conseguimos evitar vender el VCF a buitres y conseguimos un nuevo dueño responsable y solvente, que entienda que esto es un sentimiento enorme e imparable, el futuro es nuestro. Esta eliminación tan injusta puede ser el punto de inflexión sobre el que construir un gran Valencia, y confío en que así será. Por eso ya no estoy triste, sino esperanzado y orgulloso como hace tiempo no lo estaba, y creo que debe ser el sentimiento generalizado. Y eso, tras una eliminación tan dura es un gran síntoma, el mejor augurio, y una gran noticia, no me cabe duda.
miércoles, 16 de abril de 2014
I have a dream
Amadeo Salvo es un Presidente polémico, levanta ampollas en ciertas trincheras y personajes del entorno valencianista con sus decisiones y desaires. Otros simplemente no se lo creen, y puede que no les falten razones objetivas. Pero, en general, es el Presidente con mayor apoyo popular desde Jaume Ortí. Eso es indiscutible, y hacerlo sería estúpido. Salvo ha calado en la afición del VCF, es ante todo un aficionado apasionado y fiel de los que sí tiene pase y disfruta y padece tanto como cualquiera de nosotros, lo que le hace cercano y creíble. Y de alguna manera está demostrando ser un tipo duro, fuerte y muy solvente para lidiar en este escenario de guerra sin cuartel, un tipo que sabe pelear, que es valiente para hacerlo pese a quien pese, y que, esa es la parte más sorprendente, casi siempre se sale con la suya. O al menos esa impresión transmite.
Pues bien, ahora que hay posibilidades reales de que deje de ser Presidente, he soñado que el VCF gana un título con él. Un título que ya no puede ser otro que la UEL. Igual que Ortí, hay gente que parece tener un aura que atrae cosas buenas y hace que las cosas funcionen y se consigan resultados cuando parece imposible. En el caso de Salvo lo parece, porque la temporada ha sido un desastre. Pero algo me dice que, de alguna manera, este hombre tiene suerte, y también merece pasar a la historia del VCF por algo más que por las polémicas en la venta.
En fin, no sé, quizá es solo la ilusión, quizá el subidón tras el enorme partidazo ante el Basilea, o quizá es pura ingenuidad. Pero me huelo que Salvo es ese tipo de Presidente forofo y tan valencianista como el que más que atrae los títulos igual que atrae a la afición y repele a tantos que quisieran verlo fuera del VCF. Serán divagaciones, pero cuando he comparado a Salvo con Jaume Ortí y me ha dado por establecer paralelismos, he recordado que aquél también fue Presidente de transición en un VCF convulso y sin dueño, y los títulos ganados en su presidencia están ahí, para la historia. Insisto, deben ser divagaciones motivadas por la ilusión, pero sea como sea, ojalá ganemos el título que he soñado, gracias, o a pesar de Salvo.