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lunes, 18 de enero de 2010

Excusatio non petita, accusatio manifesta

Aviso, voy a ir contracorriente. Estoy rumiando la victoria de ayer y cada vez me mosquea más el gran partido que hicieron esos mismos jugadores, el mejor de la temporada en Mestalla, comparado con la enorme decepción de la eliminación en Copa del rey, qué casualidad, justo a continuación. De ser unos negados, inútiles y vagos a hacer un partido con gran despliegue físico, técnico y muchos cojones, sobre todo eso. La sensación que ya tenía, y que se afianza, es que tiran a la Copa claramente, casi diría que a propósito, y además sin esconderse. Pa matarlos, de verdad, es que es para estar enfadado en vez de contento.

Ayer el Valencia se merendó a un (triste, todo hay que decirlo) Villarreal a base de potencia, desgaste y concentración. Otros más técnicos hablaran de las virtudes del planteamiento y otras zarandajas, pero a mi, que soy un simple forofo, me queda claro que cuando un equipo sabe, porque estos tíos son muy buenos, y además quiere, la cosa funciona. Y si se incumple uno de los dos supuestos, no. Ayer quisieron, probablemente hicieron gala de una motivación extra como petición de disculpa por "lo del otro día", y el resultado esta ahí. Aunque suene rebuscado, es algo así como "excusatio non petita, accusatio manifesta".

Tengo claro que tanto en las victorias como en las derrotas la mayor parte de mérito/culpa es de los jugadores y no tanto del entrenador, que pese a todo también tiene su cuota. Aunque no es cuantificable, el porcentaje debe ser 60/40, o puede que más. El entrenador puede condicionar un partido o una temporada entera por planteamientos, alineaciones, aprovechamiento de plantilla o cambios, y Emery sigue sin ofrecerme confianza en estos aspectos, por no entrar en detalles ya demasiado explicados, pero los que hacen bueno un partido son los que corren, y estos a veces son demasiado egoístas y acomodados. Demasiado a menudo. Mucho pedir apoyo incondicional a la afición, mucho ponerla por bandera, pero a la hora de la verdad somos la excusa, un decorado al que manipular y usar a conveniencia. Importar, lo que se dice importar, importamos poco/nada.

Pero en fin, todo olvidado, buen partido en Liga contra un rival de los que apetece ganar por goleada, la afición disfrutando de la victoria y se acabó, nuestros héroes tan felices. La Copa pasó a la historia y ya ni nos acordamos. Y ellos a vivir bien, menos competiciones, menos esfuerzo, a cumplir objetivo mínimo y au.

Ya, ya sé, parezco el cascarrabias que siempre ve el lado malo, debería disfrutar como todos de estar terceros en Liga y "con aspiraciones", ya lo sé, pero es que lo de otro día me sigue escociendo. Es mi amor propio, que me dice al oído que a veces nos toman el pelo...

miércoles, 13 de mayo de 2009

Esta era nuestra final

Hoy es día de fiesta en Valencia, pero un día extraño para el valencianismo. Ver a vascos y catalanes por la ciudad, ver como disfrutan las horas previas a la final de la Copa del Rey, da mucha envidia. Y te hace pensar en por qué no estamos nosotros en la calle con nuestras camisetas, nuestras banderas y nuestro escudo en el pecho, esperanzados en ganar la final, nuestra final, una final que estaba hecha para nosotros.

Ahora nos acordamos de aquel gol del Sevilla en un fuera de juego flagrante, incuestionable, evidentísimo, un fuera de juego de 5 metros, una decisión inexplicable del sr. árbitro y su ayudante de la banderita, una decisión tan incomprensible e injusta como cuando Sergio Ramos cogió el balón con las dos manos en su propio área y el del pito decidió dejarlo correr porque si, porque le dió la gana, aquí no ha pasado nada y al que le pique que se rasque...

Pero también viene a la memoria aquel partido de vuelta ante el Sevilla en que el Valencia hizo una de las segundas partes más mezquinas y pusilánimes de la temporada, todos encerrados atrás de forma casi ridícula, pegando "balonaes" sin hilvanar dos pases seguidos ni intentarlo siquiera, esperando ingenuamente aguantar el resultado cuando, en esos momentos, la defensa del Valencia era un coladero de dimensiones colosales que llevaba nosecuantos partidos seguidos encajando goles sin parar. Fueron órdenes del entrenador o los jugadores recularon por su cuenta? A quién se le ocurrió la brillante idea de que un equipo que encajaba goles con una facilidad pasmosa podría aguantar un 1-1 muy justito ante todo un Sevilla en su propio campo y decidió que se confiaba todo a la defensa? Pues no lo sé, ni lo se ni ya importa mucho, qué más da...

Lo que sé es que ahora ese recuerdo duele, duele pensar en que, si, estuvo cerca, casi lo conseguimos, faltó un triste minuto para pasar la eliminatoria, pero probablemente con una actitud más valiente y, sobre todo, mas inteligente, ahora, quizá, seríamos nosotros los que estaríamos disputando esta final, nuestra final.

Y ya sé, aun había que pasar las semifinales, pero estoy seguro de que, una vez plantados ahí, la ilusión y la fuerza de la afición habrían llevado en volandas al equipo hasta la final, esta final, nuestra final. Qué lástima.